Vivimos en la sociedad del conocimiento y ésa es ya una realidad incuestionable. Cómo la sociedad afronte este hecho determinará el sentido final de los cambios que se van produciendo.

La tecnología, pues, no ha de mirarse con determinismo sino que ha considerarse el papel activo de la sociedad como elemento clave condicionante de las transformaciones finales. El futuro que se nos avecina no es consecuencia exclusiva del desarrollo tecnológico, sino que será el fruto de una conjunción de factores determinantes y uno de ellos es la actitud social con que se asuma y el uso que se haga de la tecnología.

Este nuevo mundo digital o cibercultura nos plantea numerosos interrogantes. Algunos de ellos son de carácter técnico: qué nos ofrecerá Internet, qué nuevos avances nos esperan en telefonía, qué uso podremos hacer de la realidad virtual,... Otros son de carácter sociológico y cultural: qué nuevos abismos han de separar a los info-ricos de los info-pobres, qué nuevas fronteras se avecinan entre aquellos países tecnológicamente más avanzados y aquellos otros que lo están menos, qué nuevos roles profesionales surgirán y qué preparación se nos exigirá, cuáles serán nuestras posibilidades de ocio,...
En definitiva, estamos viviendo una revolución que está llegando con mucha rapidez, en ocasiones podemos sentir incluso que con excesiva rapidez. Pero nos parece obvio que en ningún caso podemos cerrar los ojos a todo ello, sino que se nos exige una respuesta reflexiva y consciente.
El Gobierno tiene la convicción de que la llamada «Sociedad de la Información» -es decir, la plena incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación a las actividades sociales y económicas- constituye un factor estratégico esencial para garantizar el desarrollo de nuestro país en un escenario de vertiginoso desarrollo tecnológico y de mundialización de mercados, en el que ya no es posible competir si no es a través de productos con un alto valor añadido.
Además, considera que las Administraciones Públicas están llamadas a desempeñar un papel fundamental para conseguir una efectiva extensión e implantación del uso de las herramientas tecnológicas entre los ciudadanos, y especialmente entre las pequeñas y medianas empresas: Las Administraciones pueden contribuir más que ningún otro agente o entidad a la generalización social de una «cultura digital» mediante la puesta a disposición de servicios públicos electrónicos, de la posibilidad de relacionarse con las Administraciones a través de dichos medios, y de su aplicación a los procesos internos de trabajo y gestión burocrática.
Hablar hoy de Administración Pública es hablar necesariamente de «administración electrónica». El aprovechamiento de las posibilidades que ofrece la utilización de los medios y técnicas de información y comunicación en la actividad de la administración y -especialmente en las relaciones ciudadano-administración, constituye no sólo un objetivo estratégico de cualquier política de simplificación sino y sobre todo un imperativo y un condicionante de los proyectos y acciones que adopte la Administración.
Por otra parte, uno de los aspectos fundamentales para comprender y abordar las comunicaciones en Internet se encuentra en los protagonistas del proceso: el emisor y el receptor. Sus roles a partir de la irrupción del Internet, han ido más allá de ser simples codificadores o decodificadores y han nivelado la balanza, cuando de 'equilibrio de poderes' se trata.
La interactividad, uno de los aportes de Internet que determinan esta revolución en el esquema de las comunicaciones, permite al usuario de Internet (receptor) generar a su vez contenidos que aporten, de manera espontánea y regular, al sitio que está visitando. Allí no quedan las posibilidades del usuario de Internet -llámese lector, receptor-, pues paralelamente puede convertirse, con unas pocas herramientas, en emisor de contenidos en la web, con una inversión ínfima puede abrir un sitio en Internet y ponerlo literalmente en similares condiciones de acceso que los medios de comunicación online, generando incluso los llamados nuevos medios (ejemplo, weblogs) destinados a públicos muy específicos.
Cabe mencionar la existencia de una intensa reflexión, análisis y discusión de especialistas sobre aspectos muy puntuales del proceso fisiológico de la lectura y la navegación en Internet, lo cual deberá abrir nuevas luces para quienes se dedican a la elaboración y gestión de contenidos en Internet.
La citada evolución de los roles tiene grandes ventajas y también sus desventajas. A su vez, obliga, particularmente a los medios de comunicación tradicionales que tienen versión online, a cambiar y renovar sus antiguas estrategias para capturar y mantener la atención de sus públicos, considerando las características, que hoy se configuran con más claridad, en el perfil del usuario de Internet. La evolución de las interfaces de la versión online de medios tradicionales, da cuenta de cómo está cambiando, en muchos casos lentamente, la percepción y diferenciación entre los públicos tradicionales y de Internet. También da cuenta de la poca o mucha importancia, que tienen las redacciones online para las empresas de comunicaciones tradicionales.
Asimismo, refleja la necesidad de trabajar en equipos multidisciplinarios, donde no se debe excluir la participación del comunicador, el diseñador, el creativo y el administrador. Todo ello constituye un reto para los comunicadores, e implica la necesidad de una capacitación específica e integral sobre comunicaciones online, en las facultades y en obligados programas de actualización profesional, donde se deberán ofrecer las herramientas que les permitan aportar el valor agregado en Internet para enfrentar la competencia de 'propios y extraños'. En ese entorno, cabe destacar el aspecto de la credibilidad, estrechamente ligado a la ética profesional y que en Internet cobra aún más fuerza, considerando las características del usuario del nuevo medio.
Tenemos un panorama muy rico en posibilidades, una auténtica revolución y hasta cierto punto liberación del receptor de las comunicaciones que exige a los profesionales una mayor calidad y ejercicio ético. De hecho Internet ha calado ya en las rutinas de la gente, en sus diversas posibilidades, llámese correo electrónico, chat, o la misma navegación en la web. También se ha descubierto sus tremendas posibilidades en el campo de la educación, el e-learning.
Hablamos, hasta el momento de un número creciente de personas, pero que aún siguen siendo un pequeño porcentaje, quedando la mayor parte de la población de muchos países, aislada del acceso a la red debido a razones de índole social, económico y de falencias tecnológicas.
Mientras los gobiernos, y la iniciativa privada logren dar pasos para acercar Internet a los públicos mayoritarios, los de menores recursos, los comunicadores, siempre inmersos en la vorágine del acontecer diario, horario y las consabidas carreras contra el tiempo, deben intentar detenerse en las consideraciones sobre el usuario de Internet y buscar nuevas formas, formas creativas para cubrir sus expectativas, mejorar los servicios de información
Es en la apuesta por la ética, en el dar a cada quien lo que por derecho le corresponde -decir la verdad, respetar el honor y la intimidad, así como el derecho de libre opinión de los usuarios-, donde se puede encontrar una fortaleza para construir, bit a bit, el periodismo digital que aún está incipiente.
Como conclusión, sería necesario recalcar una última vez el papel fundamental como potenciador de la comunicación que está desempeñando el soporte digital, Internet.
En este momento nuestra sociedad global sería insostenible sin un medio de estas características para lograr la interacción y la integración.